Mostrando entradas con la etiqueta Paisajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paisajes. Mostrar todas las entradas

septiembre 06, 2025

El mar de las cosas exactas

Un día miré el mar y quise abstraerlo. La fragmentación no objetiva me llevó a la primera inquietud: Deconstrucción química (H2O, NaCl, etc.) o matemática (V = A * d, donde V es ... etc.). El viento me abrasó con arena, me salpicó espuma, la resaca me atrajo a sentir el mar, no sólo verlo, e iniciar su deconstrucción semántica al tiempo de mi deconstrucción orgánica, disolución esdrújula objetiva. Y ya. Rodrigo González siguió cantando.

octubre 23, 2022

Retrato con mirada de Ferlinghetti

Habría caminado el Eje Central, de madrugada, hasta llegar a la Alameda, girar en dirección a Reforma y andar hasta mirar de frente esa casona con fuente en medio del patio, con loro entre los mazos de flores y, finalmente, desayunar como si no pasara nada. Leer el Hotel de Cortés en el hotel de Cortés. Desandar el camino hasta llegar a Ferlinghetti.

febrero 23, 2022

Sinónimos

Viajar en barco por el Danubio, pasear por el cementerio, deambular en una librería, viajar en ascensor, recorrer una plaza a mediodía, leer Plaza de Dante. Acompañar a Dragan Velikic en esa construcción de itinerarios es un placer similar a otro sinónimo: degustar lentamente el café sin azúcar en el calor del trópico, como siempre sugirió Leopoldo Levet.

julio 05, 2020

Pescettiana

Vivo en una casa que no es mi casa, en una ciudad que está siendo mi ciudad. Nací en una ciudad de ángeles, a 150 o 200 kilómetros de aquí. Esa ciudad mía ciudad sigue en mi memoria, pero conforme pasa el tiempo, el recuerdo de la ciudad se vuelve el modelo para armar de Cortázar, y se mezcla con los recuerdos de las otras ciudades y otros pueblos (y otras voces y otros ámbitos). Incluso las ciudades invisibles de Calvino. Hoy vivo en una casa que no es mi casa: mi casa está a trescientos kilómetros al sur, pero mi hogar está donde estás tú, mi puerto, y nuestros niños cuyas miradas y sonrisas nos construyen cada día el lugar que habitamos.

marzo 10, 2016

Querido Alfredo...

"Hago falta. Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco, si no estoy. Siento que hay un sitio para mí en la fila, que se ve ese vacío, que hay una respiración que falta, que defraudo una espera; siento la tristeza o la ira inexpresada del compañero, el amor del que me aguarda lastimado. Falta mi cara en la gráfica del Pueblo, mi voz en la consigna, en el canto, en la pasión de andar; mis piernas en la marcha, mis zapatos hollando el polvo, los ojos míos en la contemplación del mañana, mis manos en la bandera, en el partido, en la guitarra, mi lengua en el idioma de todos, el gesto de mi cara en la honda preocupación de mis hermanos." Zitarrosa. 1977.

diciembre 21, 2015

El comienzo.

Procuro hacer caso a la memoria. Sobre todo cuando trato de inventarme recuerdos. Hace tiempo pensé que la vida sería como un rompecabezas. Que lo siguiente debía construirlo con trozos de recuerdo. Un fragmento de paisaje de las montañas del sur serían el sinuoso camino en el que ahora he demorado, viendo las dos puestas del sol de esta tarde. La voz de la mujer que cantaba en El Buen Arte, el café donde prolongaba las noches en la ciudad de Los Altos, es la que ahora me dice que siga caminando. Y así.

diciembre 19, 2015

Olvido.

Para olvidar, por ejemplo, la vida, recurro a ciertas melodías (Ali Farka Touré o lo de siempre), a algún libro sin leer (algo de Tabucchi, o lo de siempre) y al mismo paisaje de siempre. También al cigarro y a la solitaria, irónica sonrisa, esa frase de Borges que precisamente es lo que trato de olvidar.

noviembre 26, 2015

Tango

El ir y venir de la mirada por el eterno océano de la pampa; la danza de los hilos finos en los marfiles blancos y negros, la tensión del viento que corta el sonido. Los dedos de Daniel Barenboim se tensan y acarician con furia la piel de la pampa, la piel de la moza donosa, su danza. Todo lo que tengo de intensidad, de furia, de pasión, se condensa al ser invadido, inundado por esas notas. Por esa piel.

octubre 21, 2015

Inventar la muerte, llover la memoria.

También se llamaba Héctor y también nació en septiembre, el mismo día. También andaba en aquél septiembre por ese camino de Tziscao a Trinitaria, también estaba sentado en una piedra, pero del otro lado del camino: él ya venía de vuelta. Compartimos sólo unos minutos, sólo unos kilómetros de esta vida. Me dijo que hay caminos que merecen ser andados, pero que no siempre me detuviera demasiado en ellos, que no por ellos sacrificara los paisajes que valen la pena. De un tiempo a la fecha, se le fue lavando la memoria, quizá por su disfrute de andar bajo la lluvia. La mente se le fue lavando hasta que quedó en blanco. Hoy toda esa memoria nos inunda, nos llueve en medio de la depresión tropical de los días que corren.

octubre 20, 2015

Parafraseando a José Emilio, 2, o la filosofía de la babosa.

La reinvención, el alimento. Es recurrente la idea del cruce de caminos y los encuentros, las charlas en los lugares donde todo mundo pasa. Después uno sigue, dejando restos de sí mientras camina, la única filosofía que puede predicar, la única opción para no tener un destino fijo, el último sitio. La otra idea recurrente. La del punto final.

Mirar afuera

Miro a través de la ventana. Veo al tipo agazapado, recogiendo hierba, oliendo, mirando a través de la ventana. Piensa en los olores guardados del tiempo. Tabaco, sudor, los humores del día, entre las sábanas y la boca. Mira el paso del tiempo, la piel gruesa, el cabello cansado. El brillo intermitente del cigarro que quiere decir algo.

octubre 19, 2015

Parafraseando a José Emilio.

De un tiempo a esta parte procuro acercarme a los cruces de caminos, detenerme un rato y mirar en alguno de ellos: un cuarto de siglo, todo ese tiempo que en realidad no es nada. Los viejos amigos se reúnen y ponen nombres sobre la mesa, alguna anécdota amarillenta, oxidada. Sonrisas. La charla está poblada de detalles que hemos olvidado. Silencio. Miradas. Afuera llueve.

Paréntesis

Me acerco al silencio eterno de los tres minutos y fracción, la duración media del llanto, la utopía de John Cage. El silencio, leí en una anotación con letra de molde queriendo citar a Mozart, también es parte de la música. Miro el silencio de cerca, procuro no interrumpirlo, trago cada palabra que quisiera decir. Respetar ese paréntesis como quien entiende cada acorde de esta incierta sinfonía.

octubre 15, 2015

Mirar un paisaje

Cuido el sueño del paisaje que duerme; miro el cigarro en el cenicero. Mañana ese paisaje me inspirará calma, o desasosiego. A veces quisiera entender cómo funciona ese paisaje, sus nubes, sus tormentas, sus mecanismos de vida. Los atardeceres, los cambios de tono. El tránsito de la mirada a través de las longitudes de onda. Cierro los ojos y recuerdo la neblina y el abrazo tibio del tiempo.

octubre 11, 2015

Inventar una mentira.

Había un café a media cuesta, un café que era un poco sala de arte y un poco mi hogar. Había un ático. Había un estante con libros. Desde afuera llegaba la voz de Diana Krall, envuelta entre el humo del cigarro y el vapor del café. A veces entre las líneas recordaba un cigarro que dejé en mi ciudad, en una casa con dos perros. Quiero pensar que ese cigarro era mío, que ese cigarro sigue encendido.

septiembre 10, 2015

Ausencia.

Nunca me ha pesado tanto la distancia como en ese momento en que hace falta no una palabra, sino el silencio; quizá un abrazo, la mesa de por medio, dos tazas de café, una para cada quién. En medio el silencio.

noviembre 20, 2013

Extrañando a José Antonio, II.

José Antonio Reyes Matamoros me acompaña en cada ciudad que he habitado. Cada una más fea que la anterior; él siempre se preocupa por mi destino, siempre se emociona al descubrir el enorme reto de hacerla disfrutable, sin embargo. Él se acerca en esta noche y, como siempre, me tiende la mano y me recuerda: saber vivir la ciudad, la circunstancia.

Extrañando a José Antonio, I.

De algún tiempo a la fecha, la imagen que tengo de Chiapas se llama José Antonio Reyes Matamoros. El sonido de su voz, sus palabras, son sinónimo de todo lo que conocí, de todo lo que guardo de esa tierra: todas las veces que caminé por las calles de San Cristóbal, después del café; todas las veces que anduve Tapachula, buscando sombra. Ese territorio que se escribe en realismo mágico o en absurdo. 

diciembre 09, 2012

Tiempo fuera

He escuchado Brandenburg gate seis veces esta noche. En casa hemos escuchado el Time out durante casi todo un mes. Sebastián se despierta bailando Take five. Se duerme escuchando Take five. Mi Rosario nos acompaña, como Desmond a Brubeck, en ese diálogo tan fino, tan preciso, tan precioso. Como tan pocas cosas tan extraordinariamente perfectas. Desde hace unos días el cielo (lo que quiera que eso sea) tiene ritmo.

julio 06, 2011

Ideologías de autopista

Estoy casi seguro de haber visto un letrero en la autopista de Tuxtla Gutiérrez a San Cristóbal que dice: Permita rebasar por la izquierda. (Quizá esté de más decir que el ascenso es tortuoso, la pendiente es bastante inclinada.) San Cristóbal es una de las ciudades más paradójicas que he conocido: un viaje a mundos antiguos en medio de un estimulante cosmopolitismo; la convivencia del más rancio conservadurismo y un recalcitrante ánimo revolucionario. De vuelta por la misma autopista, en más de una ocasión he visto un letrero: conserve su extrema derecha.