Creía en un dios todopoderoso, hasta ese día en que un espíritu joven lanzó un juego completo y ganó uno de esos juegos decisivos. No entendía las reglas del juego, el Rey le decía el Mago, pero pensé que tendría que ser algo sagrado. Desde entonces, cada lunes entre marzo y octubre, procuraba tener quehacer entre las 8 y las 11 de la noche, para mirar de reojo cada lanzamiento de San Fernando o de cualquiera de ese santoral.
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octubre 28, 2024
julio 04, 2024
Dispersión
No el ensayo de Eugenio Trías, sino varios apuntes dispersos en el escritorio, en la mesa de noche. Unas cartas credenciales, la piel del cielo, algunas ciudades invisibles, el cementerio marino, el tango satánico, la pasión. También Berlín y una voz que se eternizó en un pequeño apartamento en esa ciudad del Altiplano.
diciembre 26, 2020
Narrativa doméstica
Leo los relatos, las novelas de Machado de Assis enmedio del trajín doméstico, en los ratos libres que hay del quehacer en la cocina al hacer las camas, entre las visitas al sanitario y las filas que muy de vez en cuando obligan a pasar el rato. Pienso que todo eso que hago está escrito en esos textos, y lo que esta escrito y no he vivido, debería vivirse, para hacer valer la pena estos quince minutos de vida.
julio 05, 2020
Pescettiana
Vivo en una casa que no es mi casa, en una ciudad que está siendo mi ciudad. Nací en una ciudad de ángeles, a 150 o 200 kilómetros de aquí. Esa ciudad mía ciudad sigue en mi memoria, pero conforme pasa el tiempo, el recuerdo de la ciudad se vuelve el modelo para armar de Cortázar, y se mezcla con los recuerdos de las otras ciudades y otros pueblos (y otras voces y otros ámbitos). Incluso las ciudades invisibles de Calvino. Hoy vivo en una casa que no es mi casa: mi casa está a trescientos kilómetros al sur, pero mi hogar está donde estás tú, mi puerto, y nuestros niños cuyas miradas y sonrisas nos construyen cada día el lugar que habitamos.
mayo 31, 2020
Lector
Aspiro a ser el lector que se pierde en las librerías, entre pasillos, anaqueles y mesas de libros, (parafraseando a Vila-Matas) como quien se pierde en un bosque o la ciudad extraña. Aspiro a encontrar siempre la librería, puerto o destino, que acepte ese extravío.
mayo 07, 2020
Qué más da.
Cierto, dijo el hombre aquella noche mirando la fogata, parafraseando a Monterroso mientras sus dos amigos hurgaban en la caja de zapatos, procurando escoger el mejor cassette, en el cielo debe haber música, cigarros sin filtro, bejucalito, los buenos amigos, libros. Quizá lo único malo del cielo, es que ahí el cielo no se ve, pero suena Cymbaline, qué más da.
mayo 07, 2017
Herencia
Siempre sospeché que Madre no sabía leer ni escribir. O sabía lo esencial, para reconocer letreros o avisos, y escribir su nombre, algunas cantidades, una lista del mandado. Esa mujer supo inculcar en mí, Dios sabe cómo, el amor al conocimiento porque sí, el respeto al saber en sí. Este amor profundo por los libros, eternos compañeros de viaje.
marzo 10, 2016
Querido Alfredo...
"Hago falta. Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco, si no estoy. Siento que hay un sitio para mí en la fila, que se ve ese vacío, que hay una respiración que falta, que defraudo una espera; siento la tristeza o la ira inexpresada del compañero, el amor del que me aguarda lastimado. Falta mi cara en la gráfica del Pueblo, mi voz en la consigna, en el canto, en la pasión de andar; mis piernas en la marcha, mis zapatos hollando el polvo, los ojos míos en la contemplación del mañana, mis manos en la bandera, en el partido, en la guitarra, mi lengua en el idioma de todos, el gesto de mi cara en la honda preocupación de mis hermanos." Zitarrosa. 1977.
diciembre 21, 2015
El comienzo.
Procuro hacer caso a la memoria. Sobre todo cuando trato de inventarme recuerdos. Hace tiempo pensé que la vida sería como un rompecabezas. Que lo siguiente debía construirlo con trozos de recuerdo. Un fragmento de paisaje de las montañas del sur serían el sinuoso camino en el que ahora he demorado, viendo las dos puestas del sol de esta tarde. La voz de la mujer que cantaba en El Buen Arte, el café donde prolongaba las noches en la ciudad de Los Altos, es la que ahora me dice que siga caminando. Y así.
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Vida
diciembre 19, 2015
Olvido.
Para olvidar, por ejemplo, la vida, recurro a ciertas melodías (Ali Farka Touré o lo de siempre), a algún libro sin leer (algo de Tabucchi, o lo de siempre) y al mismo paisaje de siempre. También al cigarro y a la solitaria, irónica sonrisa, esa frase de Borges que precisamente es lo que trato de olvidar.
diciembre 17, 2015
Señales.
Espero señales desde hace un par de horas, o desde ayer. O desde hace veinte años. A veces basta con una mirada furtiva, con un diálogo de bisílabos y puntos suspensivos; a veces con un sólo punto. En ocasiones miro el paisaje, el cigarro que no fumo, la voz que no escucho. En ocasiones tiemblo. Las señales que no son me hacen temblar.
noviembre 22, 2015
Ausencia.
Esta noche busco mi refugio, lo encuentro pero no tiene techo, no tiene paredes ni puertas. Esta noche mi refugio me niega, guarda silencio. No el silencio que acompaña, no ese silencio que es la música más hermosa, sino el silencio que es ausencia, negación. Sigo de largo. A lo lejos suena la voz de Neil Young.
Ella toca el piano.
Ella toca el piano. Mira hacia Levante y la seduce el paso del tiempo. Sigo su contorno al compas de su voz, de la voz de sus dedos sobre el piano. Intento seguir su mirada, la pierdo. La encuentro y me encuentro frente a ella. Su mística presencia. Su recurrente presencia en mi vida. Mujer que toca el piano y construye con su música un templo, una fe. Parte de mi vida. Hoy mi fe, mi poca e intensa fe están en sus manos.
noviembre 17, 2015
Otra vez Julio, siempre.
Como siempre es julio, afuera llueve y esa frase es recurrente en todo lo que escribo, en todo lo que pienso, porque siempre es afuera y porque siempre llueve. Vuelvo a Julio como quien respira, como quien fuma el cigarro que dejó a medias hace un mes, o dos; vuelvo a Julio como quien vuelve a casa y necesita la ducha, necesita sus sábanas y los olores cotidianos para por fin descansar en paz.
noviembre 16, 2015
Paréntesis.
I. Estar sin nada. Ser sin nada. Ser nada.
II. Pienso en el camino, la mano que acompaña, acaricia cada parte de la ciudad.
III. Afuera la lluvia, jazz y la mirada que es hacer el amor.
IV. Un paréntesis como recurso que no sé utilizar, que no sé para qué sirve. Que no entiendo. Refugio que me pone al sol, al tiempo. Que me abre y duele y suena y es ruido que destroza.
V. Afuera el sol, el alma de los días que corren. Desde afuera me mira, demiurgo, bosteza, harto de mi necesidad del silencio que no se entender.
II. Pienso en el camino, la mano que acompaña, acaricia cada parte de la ciudad.
III. Afuera la lluvia, jazz y la mirada que es hacer el amor.
IV. Un paréntesis como recurso que no sé utilizar, que no sé para qué sirve. Que no entiendo. Refugio que me pone al sol, al tiempo. Que me abre y duele y suena y es ruido que destroza.
V. Afuera el sol, el alma de los días que corren. Desde afuera me mira, demiurgo, bosteza, harto de mi necesidad del silencio que no se entender.
octubre 21, 2015
Inventar la muerte, llover la memoria.
También se llamaba Héctor y también nació en septiembre, el mismo día. También andaba en aquél septiembre por ese camino de Tziscao a Trinitaria, también estaba sentado en una piedra, pero del otro lado del camino: él ya venía de vuelta. Compartimos sólo unos minutos, sólo unos kilómetros de esta vida. Me dijo que hay caminos que merecen ser andados, pero que no siempre me detuviera demasiado en ellos, que no por ellos sacrificara los paisajes que valen la pena. De un tiempo a la fecha, se le fue lavando la memoria, quizá por su disfrute de andar bajo la lluvia. La mente se le fue lavando hasta que quedó en blanco. Hoy toda esa memoria nos inunda, nos llueve en medio de la depresión tropical de los días que corren.
octubre 20, 2015
Parafraseando a José Emilio, 2, o la filosofía de la babosa.
La reinvención, el alimento. Es recurrente la idea del cruce de caminos y los encuentros, las charlas en los lugares donde todo mundo pasa. Después uno sigue, dejando restos de sí mientras camina, la única filosofía que puede predicar, la única opción para no tener un destino fijo, el último sitio. La otra idea recurrente. La del punto final.
Mirar afuera
Miro a través de la ventana. Veo al tipo agazapado, recogiendo hierba, oliendo, mirando a través de la ventana. Piensa en los olores guardados del tiempo. Tabaco, sudor, los humores del día, entre las sábanas y la boca. Mira el paso del tiempo, la piel gruesa, el cabello cansado. El brillo intermitente del cigarro que quiere decir algo.
octubre 19, 2015
Parafraseando a José Emilio.
De un tiempo a esta parte procuro acercarme a los cruces de caminos, detenerme un rato y mirar en alguno de ellos: un cuarto de siglo, todo ese tiempo que en realidad no es nada. Los viejos amigos se reúnen y ponen nombres sobre la mesa, alguna anécdota amarillenta, oxidada. Sonrisas. La charla está poblada de detalles que hemos olvidado. Silencio. Miradas. Afuera llueve.
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